EDUCACIÓN: ¿ESTATAL O PRIVADA? Por Adriana Puiggrós
No hay un solo motivo por el cual se escoge para la educación de los chicos una
institución de gestión estatal o una de gestión privada. Analicemos todos los
factores. El crecimiento de la matrícula en las escuelas privadas denuncia
insuficiencias del histórico sistema de educación pública de nuestro país, pero
no debe desconectarse de la decisión política que se tomó en el Congreso
Pedagógico de 1985. En esa oportunidad se selló una discusión abierta en el
Congreso Pedagógico de 1882 sobre el papel del Estado o de la Iglesia -a fin
del Siglo XIX la casi exclusiva proveedora de educación privada- en la
educación pública.
En 1985 se decidió utilizar el nada inocente enunciado "educación pública de gestión estatal y educación pública de gestión privada", propinando un golpe importante al mandato intergeneracional de las clases medias y populares de enviar a sus hijos a la escuela estatal. Muy poco tiempo después, la hiperinflación provocó una disparada de chicos hacia la escuela estatal; a continuación, en los primeros años del menemismo, una buena parte de la clase media aumentó sus ingresos- aunque no así su situación económica estructural-, fundó escuelas privadas que se pusieron de moda y, desprendida del viejo mandato, mandó a sus hijos a las escuelas privadas.
Creció el mercado de la educación en el cual, por supuesto, rigen las reglas del libre mercado, es decir, salvo excepciones heroicas, cada uno de acuerdo a su origen social. Y se produjo una diferenciación entre las escuelas privadas, de modo que no sólo las hay muy buenas, buenas, regulares y malas, sino que las hay para distintos sectores sociales. Hay escuelas privadas que atienden a los más pobres de todos.
En 1985 se decidió utilizar el nada inocente enunciado "educación pública de gestión estatal y educación pública de gestión privada", propinando un golpe importante al mandato intergeneracional de las clases medias y populares de enviar a sus hijos a la escuela estatal. Muy poco tiempo después, la hiperinflación provocó una disparada de chicos hacia la escuela estatal; a continuación, en los primeros años del menemismo, una buena parte de la clase media aumentó sus ingresos- aunque no así su situación económica estructural-, fundó escuelas privadas que se pusieron de moda y, desprendida del viejo mandato, mandó a sus hijos a las escuelas privadas.
Creció el mercado de la educación en el cual, por supuesto, rigen las reglas del libre mercado, es decir, salvo excepciones heroicas, cada uno de acuerdo a su origen social. Y se produjo una diferenciación entre las escuelas privadas, de modo que no sólo las hay muy buenas, buenas, regulares y malas, sino que las hay para distintos sectores sociales. Hay escuelas privadas que atienden a los más pobres de todos.
Luego vino la última crisis, la peor, la de 2001. De nuevo muchos volvieron a la escuela estatal y otros tuvieron que abandonarla. En ese momento pudo verse cuáles escuelas privadas prestaban un servicio público y cuáles eran tan sólo establecimientos comerciales.
La escuela estatal, por su parte, multiplicó los comedores y las acciones de asistencia. Al mismo tiempo, la pobreza había pegado a los docentes desde más de una década atrás y ellos comenzaron a ejercer frecuentemente su derecho constitucional al paro. Los chicos y sus familias necesitan la escuela más que nunca y los docentes un salario digno: un antagonismo difícil de saldar, que se agregó a la migración hacia la escuela privada. El producto de todos los factores enunciados explica la situación, no uno solo de ellos.


2 Comentarios:
Buenísimo!!!!
Bendiciones!!!
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